Llega la hora de perderme por al mundo...
Estos días han sido un caos total. He pasado de tener unos planes más o menos previstos a encontrarme en la más absoluta incertidumbre de qué hacer con mis próximos tres meses. Por suerte, la gente que me rodea en unión con mi cabeza que, sólo a veces, decide funcionar, me han ayudado a tomar la decisión de tirarle "palante" y comerme el mundo. Me voy en dos días. Llego a Londres, una ciudad de considerables dimensiones, a la 00:45 de la mañana, sin metro, sin hostal, sin nada...pero me da igual. Me siento viva, fuerte como el vinagre y sé que, tanto en mis momentos malos como en los buenos, voy a exprimir hasta la última gota de vida, ya sea más amarga o más dulce. Tengo la intención de que sea uno de esas experiencias que "te dejan trocitos de tí debajo de las uñas de tanto rascarte el alma".
Al margen de esto, hay un pensamiento que me ha estado rondando la cabeza semanas atrás. Es cierto que me he hecho un huequito en Málaga en el que me siento mejor que bien. Al principio dudaba de este viaje por este motivo. Me preguntaba constantemente "¿qué hago yéndome con lo agustito que estoy aquí?. Después me dí cuenta de que ése era uno de las razones por las que quería volar. Cuando una se encuentra en armonía y paz con sus raíces, el resto viene rodado.
Y bueno, poco más que decir. Conclusión de todo esto: ILUSION, al fin y al cabo es lo que cuenta.
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